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Yom Yerushalaim Celebration in Montevideo

May 11, 2004
The Zionist Organization of Uruguay honored Mr. Roberto Montenegro, a great friend of
Israel, and the conductor of the Symphony Orchestra of SODRE, with the Jerusalem Prize 2004

Laura Berger, anchorwoman of a weekly television program about Israel - “Shalom Uruguay", was Master of Ceremony for the evening's festivities, which were broadcast in their entirety to all of Uruguay.

The evening, which was very well attended included stimulating addresses by Roberto Cyjon, President of the Zionist Organization of Uruguay; Bernardo Olesker, President of Honor of the Zionist Organization of Uruguay; Joel Salpak, Ambassador of Israel in Uruguay and of course, Roberto Montenegro, Jerusalem Prize 2004 recipient, and music by the Choir and Symphony Orchestra of SODRE. The conclusion of the evening was the rousing performance of the Symphony Orchestra playing “Psalm” and “Fanfare for Israel” by Paul Haim and “Yerushalayim shel Zahav” by Naomi Shemer.
 
Roberto Cyjon’s speech, which had very important concepts about
Jerusalem and its importance to the Jewish people, follows.
 
Palabras del Presidente de la Organización Sionista del Uruguay, Sr. Roberto Cyjon, en el acto de Yom Yerushalaim, Día de Jerusalem y Entrega del Premio Jerusalem 2004 al Maestro Roberto Montenegro, realizado el martes 11 de mayo de 2004 en la Sala Auditorio del SODRE.
  
Hoy es una noche de fiesta para
Jerusalem y para la Organización Sionista del Uruguay.

 

El Premio Jerusalem 2004, está sustentado en diferentes pilares, en diversas visiones que deseamos exponer antes ustedes.

 

Un pilar primario, es el que permanentemente redefine a Jerusalem desde las brumas de la antigüedad. Jerusalem, cuyos datos abarcan casi cuatro mil años, ha sido más que ningún otro lugar, el sitio más familiar para la mayor cantidad de personas en el mundo.

 

Es la ciudad que el Rey David proclamara como la capital del Pueblo Judío hace más de tres mil años, unificando en torno a ella a la nación hebrea.
 
Dicha capital, que el Rey Salomón, su hijo, potenciara aun más con la construcción del templo sagrado, es la región de la cual surgen los pensamientos éticos y religiosos más trascendentes de la humanidad. Esta ciudad tan especial, centro de gravedad de Israel, ha mantenido al pueblo judío atado a ella con lazos irrompibles durante milenios.

  

Y a pesar de la interrupción por sucesivos conquistadores, desde que David la  ungiera como capital de Israel, a través de siglos de dispersión, los judíos oraron hacia ella y por ella, en cualquier latitud que se hallasen y a través de todos los tiempos, hasta el mismo día de hoy.

 

A partir del apoyo de Constantino el Grande, el primer emperador romano en adoptar el cristianismo, su madre, la emperatriz Helena y el obispo Macario, visitan Jerusalem en el año 326, e identifican los sitios asociados con los últimos días de Jesús en la tierra, la colina de la crucifixión y la ubicación de su entierro - el Santo Sepulcro - entre otros tantos lugares santos. Y es a través de estas permanentes construcciones de santuarios, monasterios y palacios, que Jerusalem se vuelve a redimensionar sobre los principales lugares de la cristiandad como ciudad santa, cuna del cristianismo y  recorrido de peregrinos, tras los pasos de su fe.

 

En el año 638 los musulmanes llegan a Jerusalem, y si bien para ellos no era tan santa como la Meca, donde había nacido el profeta Mahoma, ni como Medina, la ciudad en que murió, Jerusalem tenía ya una especial santidad para el Islam, dado que allí, el profeta Mahoma había sido elevado hacia el cielo desde aquel lejano lugar de oración.


El califa Omar construyó una mezquita de
madera en la zona del templo, decorada y reconstruida a lo largo de los siglos, y transformada en un magnífico edificio, con una cúpula de oro de esplendor reluciente: el Domo de  la Roca,

Al igual que él, la mezquita de El-Aksa, construida en el siglo octavo, impulsa a que Jerusalem se constituya también, en una de las ciudades sagradas para la religión islámica.

 

Esta Jerusalem mística, íntima y eterna, querido Roberto Montenegro, es uno de los componentes del premio de esta noche.

 

La segunda faceta es la Jerusalem moderna y vibrante, capital del actual Estado de Israel. Capital sede de la Knesset, el parlamento del único estado democrático del Medio Oriente.

 

Enorme mérito contemporáneo de Jerusalem.

 

Mantener la democracia, contra viento y marea en un país y una zona atormentada por los conflictos bélicos, los más mezquinos intereses internacionales y una explosiva mezcla de religión y política, es un desafío cotidiano que la Jerusalem política judía sortea con admirable éxito desde la creación del Estado.

 

También es la sede de la Suprema Corte de Justicia, templo sagrado de Israel, que vela férreamente por los derechos humanos, los derechos de la mujer, la educación, la salud, el bienestar y la igualdad de todos sus ciudadanos, respondiendo así a los más altos valores del pueblo judío.

 

Sede de la Universidad Hebrea de Jerusalem, santuario de la ciencia y las artes al servicio de toda la humanidad, pues entre otros prestigiosos ámbitos académicos, posiciona a Israel como líder de la tecnología mundial, a la par de los grandes países del primer mundo.

 

Pero lamentablemente, Jerusalem, cuyo nombre hebreo es Yerushalaim - Ir Shalom - ciudad de la paz, está estremecida por un feroz y sistemático terrorismo, que la aturde y la  martiriza, la abruma pero no la vence, pues el 16,7 % de estudiantes árabes que estudian en la Universidad Hebrea de Jerusalem, proporción casi idéntica al número de ciudadanos palestinos viviendo en Israel, no han interrumpido sus estudios universitarios junto a sus compañeros israelíes a pesar del criminal atentado terrorista en su cafetería, fruto de un odio irracional.

 

¡Vaya! que es válida la lucha de los pueblos por su derecho la que tienen ambos pueblos, los palestinos y los judíos, a vivir uno al lado del otro en paz, seguridad e independencia.

 

Pero instigar a esta inaceptable modalidad de guerra suicida, desde una autoridad cegada y totalitaria, lejos de configurar una causa justa, es el síntoma mayúsculo de la falta de libertad impuesta a su gente, de la derrota individual y colectiva de dicho liderazgo, pues es realmente impensable “celebrar” la muerte y compensarla como una categoría existencial.

 

Esta realidad, estimado Roberto, también integra la segunda faceta de esta noche el nervio tenso y angustiado de  un conflicto aún no resuelto.

Jerusalém lo debate en la fragua ardiente de su democracia, sin claudicar, con la certeza y la ilusión de todos los días, que así como no fue una leyenda el retorno del pueblo judío a la tierra de Israel, tampoco será una leyenda construir la tan ansiada paz con sus vecinos.

 

Pero hoy nos reunimos para una jornada de fiesta, por lo tanto, la tercer y última faceta es precisamente la tuya, insigne maestro: el mérito de permitirnos rescatar los mejores valores de la Jerusalem eterna y moderna, fuente de credos, arte, ciencia y cultura…  en definitiva: los verdaderos principios que unen a la humanidad  sin distinción alguna.

 

Como integrantes de la colectividad judía del  Uruguay, nos enorgullecemos de contarte entre los mejores compatriotas, jugando en las grandes ligas de la cultura y la música internacional.

 

El público aquí presente, de la mano del ideario combinado judío, sionista y uruguayo pluralista, de todas las religiones e ideologías, felices y conscientes por vivir libres, aceptados en nuestras diferencias y aportando juntos a la sociedad lo mejor de nosotros, todos y cada uno en su impronta personal, te entregamos, y simultáneamente recibimos de ti este Premio Jerusalem 2004.

 

Gracias, dilecto amigo, por permitirnos vivir una noche que seguramente será inolvidable.

 

¡Lejaim!, por la vida, por la música, por la amistad y por la paz.

 

Muchas gracias a todos.

 


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